viernes, 4 de diciembre de 2020

Salir del lavarropas







Supongo que hay gente que tiene los sentimientos claros y definidos, que sabe a quién ama, con quién simpatiza, quién le cae mal y a quién odia, entre algunas variables de los sentimientos que el ser humano tiene. Bueno, yo no soy de esa clase de gente. A mí se me mezclan mucho los sentires: a veces alguien que me da miedo, al mismo tiempo me atrae, y no me atrevo a alejarme aunque me parezca un personaje siniestro; a veces, las buenas personas me aburren y me parecen demasiado panchas que se toman la vida así como viene, sin ambiciones, sin estímulos como demasiado “felices”; a veces es mucho peor, porque la misma persona me parece atractiva hoy, pero mañana me la cruzo y me pregunto ¿qué le vi a ese? Y mucho peor aún: me pongo a conversar apasionada por la sensibilidad e inteligencia de alguien y a las dos horas ya no lo soporto, sus palabras solo hacen ruido en mis oídos. Cómo me gustaría que a los humanos nos pusieran el mismo sistema que tienen los grabadores: Rewind, Play, Pausa y Stop, ¡sobre todo STOP!

A lo que voy es que los sentimientos para mí no son tan claros y, lo que es peor, varían a cada rato sin que yo tenga el menor control sobre eso. Es cierto que también está lo que hace o dice el otro. Por mucho amor que sienta, si la otra persona me trata mal o me descuida, a mi sentimiento se le van haciendo baches hasta quedar en un buen recuerdo, en el mejor de los casos, o virar bruscamente hacia la indiferencia.

Pero lo peor es que los entusiasmos, los amores, los encuentros me levantan el ánimo, me hacen feliz y ando por la vida, al menos unas horas, como perro con dos colas (¿será mucha felicidad para un perro tener dos colas?) Y las desilusiones me carcomen por dentro y me derrumbo como un castillo de arena que se lleva una ola. Me bajoneo tanto que tengo que sentarme o recostarme, me mareo, y a veces, hasta me duermo de tristeza. (A mí la tristeza me da sueño)

La otra vez un amigo me describió a una persona en dos frases con tal precisión que me dejó asombrada ¿Cómo se dio cuenta? Tenía ganas de contratarlo para que me asesore porque yo soy nula para poder definir con certeza cómo es el otro. Siempre le veo lo maravilloso y se me escapa cuál es el punto de fuga, el lugar donde me va a fallar.

En realidad, algo peor: me doy cuenta de los peligros de algunas relaciones, como si se prendiera la luz de un semáforo, pero no respondo a los mandos. Si la luz es roja y me anuncia que esa persona va a complicarme la vida en cualquier aspecto, amistoso, laboral o amoroso, sigo tan campante y si es verde por ahí me detengo, como si tuviera una brújula desorientada.

Creo que de eso se trata. Algunas personas tienen una buena brújula para orientarse en la fauna humana, como un don, porque sí, porque nacieron con eso, como los que nacen con el don de cantar, sean huérfanos o nacidos en una familia contenedora y afectiva, sean del origen social que sea.

Me parece que desde que nací mi brújula falló.  Tal vez nací a destiempo, si hubiera nacido uno o dos años antes todo hubiera sido distinto y yo me sentiría miembro estable de una familia feliz. Así, habiendo nacido a la cola de los tiempos de crianza, y poco antes del exilio, todo fue diferente de entrada.

Siempre me sentí “extra” familiar. Como vagón de cola, y hasta pensaba que debía ser adoptada, porque en una familia de intelectuales yo amaba los perros, el campo y los caballos; en una familia que debatía de política y temas mundanos en la cena yo jugaba a tener un hospital o un orfanato; en una familia que viajaba poco yo vivía con una mochila... en fin: sapo de otro pozo o como dicen ahora “pez fuera del agua.”

Y debe ser por eso, supongo, que desde entonces mi brújula está desorientada y sigo equivocando afectos.

Es cierto que no somos “más que nadie y menos que ninguno”, pero tampoco es cuestión que no pueda alejarme de comprobados delincuentes, que no tome distancia de las amigas vividoras o que me chupan la energía llorando siempre sobre la misma carta, y no es posible que no me aleje, al menos para evitar confusiones, de quienes se han embanderado en causas que rechazo.

Creo que debería salir de esta suerte de lavarropas en la que estoy mezclada con todo y con todos, manchada con colores de prendas que destiñen, y colgarme solita al sol un rato para secarme y darme cuenta de la forma exacta de mi camiseta. 


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